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         Nhm 2:11 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, 12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. 13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. 16 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.

 

Nehemías ha abandonado su zona de confort y ya está en el lugar de los hechos. Por asi decirlo su cuerpo ha alcanzado a su corazón. Hace unos meses atrás Dios le dio una visión y su corazón, en ese momento, se mudó a Jerusalén. Los meses siguientes fueron meses de oración, de planeación y de enfoque y ahora, después de mucho trabajo, ha llegado al lugar de la labor.

Y lo primero que hace es tomar conocimiento, reconocer, ver con sus propios ojos la magnitud de la tarea. Hasta ahora todo lo que sabía era lo que Hananí le había informado, pero ahora es tiempo de verlo de primera mano. Hay algo que destaca a Nehemías y a la gente que alcanza su objetivo y es la diligencia.

        

          

         La diligencia es la virtud cardinal con la que se combate la pereza. La diligencia procede del latín Diligere que significa Amar, pero en un concepto más vago que de su similar latín Amare que es más general. Forma parte de la virtud de la caridad ya que está motivada por el amor.

         La diligencia, en sentido más alto, es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Una prontitud de hacer algo con gran agilidad tanto interior como exterior.

          

Le animo en esta mañana a subirse en caballo y a recorrer la ciudad con Nehemías, vea la ruina, el desorden, el abandono… y sienta lo que sintió Nehemías y alimente su pasión con acción, no permita que lo invada la parálisis …

 

Quizás si acompañamos esta historia con un mandato del nuevo testamento la podamos aplicar mejor:

 

        

         Ef 5:15 Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.

 

A nosotros también como a Nehemías se nos insta a usar diligencia en la manera que nos conducimos. Hemos salido de la zona de comodidad por un brote y estamos sirviendo a Dios, debemos hacerlo con esmero y cuidado.

La diligencia se da para expresar este amor de dedicación a las personas y sólo a las personas.

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·     Es diligente el líder que tiene una lista de oración de cada uno de sus discípulos y ora por cada uno de ellos y aún por sus hijos.

·     Es diligente esa persona que atiende un negocio con amor y trata amablemente a su clientela, sabiendo que ese es su campo misionero para reconstruir ruinas.

·     Es diligente ese hijo que obedeces a sus padres en lo que respecta a sus compromisos tácitos con su familia.

·     Es diligente ese obrero que no roba tiempo, y hace su trabajo con esmero y no solo por la paga.

 

        

         Lo contrario a diligencia es el descuido, el más o menos, la informalidad, la impuntualidad, la desidia, el desgano. Todo esto es síntoma de una persona que ama poco, que ama pálidamente, que ama a cuentagotas. Que es inmaduro, en pocas palabras, y enano en su estatura moral.

 

¿Cómo consigo la diligencia? Poniendo en práctica mi misión.

 

A.  Con Dios: Recordando lo que le prometí hace no importa cuantos años y siguiendo en mi compromiso diario, orando, leyendo la palabra, congregandome, predicando efectivamente, ocupándome de la santidad. La mano del poder que le he hablado a ustedes en el discipulado.

B.  Con mi Prójimo: Siendo formales, interesado en la gente más que en nuestra conveniencia, esforzarme siempre, poner el corazón en todo lo que hago, siendo afable, lleno de entusiasmo, contagiando a Dios.

C.  Conmigo mismo: ser un hombre ocupado, no inactivo y perezoso. Un hombre de metas, de superación constante, de excelencia. Un hombre que tiene todo a tiempo y lo tiene bien.

 

No sé usted, pero yo necesito, en el cumplimiento de mi misión, ser diligente. Este gran parate invita a la inactividad, pero Salomón aconseja:

 

        

         Pv 27:23 Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, Y mira con cuidado por tus rebaños;

 

En el libro de Cantar de los cantares, la sulamita se lamenta que aquello que era su responsabilidad, no cuidó, que nosotros no hagamos lo mismo, seamos diligentes.

 

        

         Señor, estamos agradecidos por lo que nos has dado y hoy nos negamos a la pereza, a la indolencia, a la desidia, hoy venimos a recorrer nuestro campo de trabajo, entendiendo la oportunidad que tenemos de hacer el bien a otros, no permitimos que la ruina nos avance en el alma, somos reconstructores y decidimos hacer con amor nuestra labor. Echo fuera de mi vida la improductividad y con entusiasmo me aboco a mi llamado, soy un reconstructor!!!

 

Pr. Daniel Cattaneo

Pr Daniel Cattaneo

 Soy Daniel Cattaneo, Pastor principal de Iglesia Redentor, Apóstol, Conferencista Internacional. Te invito a mi blog para que puedas ser bendecido con la palabra de Dios, por medio de los devocionales que comparto. Dios te bendice!

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