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Dia de reconexión 2391 - Requiem para José.

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Solíamos bromear, siendo jóvenes, que algunas personas cuando se mueran deberán tener cajones con manijas por dentro porque nadie querrá llevar su féretro. O que otros, deberían hacerse un cajón redondo porque lo van a llevar al cementerio a patadas…. Estás frases, por lo general, eran dirigidas a personas que siendo muy corrosivas en su vida, generaban más rechazo que simpatías. La pregunta es ¿quién querrá llevar nuestro féretro? ¿Mis huesos serán transportados con dolor o con alivio? ¿Quién nos llorará? 

Debe haber sido raro ver moverse al ejercito de Israel en la conquista de Canaán. Se movían con un cajón recubierto en oro, el arca del pacto, delante de todo el pueblo. Si el movimiento se hacía como correspondía, el cajón estaba tapado, para que no se lo pueda ver a simple vista. Marchaban a la guerra con sus sacerdotes a la cabeza, muchas veces en silencio, otras veces con shofares que sonaban, el pueblo rodeando las murallas y encima marchaban con un cajón de muerto. Si, como lo lee, Israel iba a la conquista llevando un sarcófago. Los huesos de José marchaban con Israel. 

 

Ex 13:19 Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.

 

Durante casi 80 años, se realizó la marcha fúnebre más larga de la historia, los israelitas llevaron el cajón de José durante toda su travesía y por fin, cuando en el libro de Josué se cierra la historia del conquistador, se le da sepultura.

 

Josué 24:32 Y enterraron en Siquem los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien piezas de dinero; y fue posesión de los hijos de José.

 

De alguna manera, a todos nos pasa lo mismo, vivimos mas allá de nuestra vida física e incidimos en la vida de nuestra descendencia, que nos tiene que cargar más allá de nuestra existencia. 

Que bueno que José haya sido un hombre de fe, que haya incidido positivamente sobre su descendencia y que  estos, 400 años después, hayan llevado a su padre a reposar en el lugar que él les profetizó. 

Pienso que así como hay cajones de muertos llenos de fe, también hay gente que inspira duda, temor y rechazo en sus generaciones y que estos deben lidiar con ese muerto y son influenciados negativamente en su proceso, esa descendencia siempre esta luchando por librarse de esa carga de incredulidad. 

Me he propuesto dejar en mi descendencia una herencia de fe, de esperanza, de bien hacer hacia el prójimo. Me interesa que mis huesos reposen en la tierra que mi descendencia, la sanguínea y la espiritual, hayan conquistado por palabras de certeza que el Espíritu me haya dicho para delinear un futuro mejor. Quisiera ser como los huesos de José, una carga de fe, que nadie se queje que tiene que cargar mis huesos, sino que se sientan honrados, que sientan que los huesos de un profeta son un arma tan poderosa en la conquista como cualquier otra. 

Resulta curioso que sus huesos reposen en Siquem, porque ese fue el primer lugar donde lo envió el padre y desde donde empezó su periplo que, traición de sus hermanos mediante, terminaría en el trono de Egipto. Ahora, casi 500 años después, vuelve al mismo lugar, no ya como un adolescente con sueños, sino como el profeta que inspira los sueños de una nación y la proyectó hacia el futuro. 

Que bueno sería que nuestros sobrevivientes quieran cargar con nuestros restos y que crean que ellos lo llevarán a la tierra de su destino. Que nuestros huesos sean huesos de fe, huesos de constancia, huesos de alabanza, huesos de victoria. Que aquellos que no nos conocieron sepan que le hemos sembrado un futuro que se presenta para ellos como un tiempo de esperanza. Que bueno sería que nuestros huesos no queden en el pasado sino que terminen en el lugar que Dios nos permitió profetizar. Déjame descansar en lo que mis labios profetizaron y mi espíritu vio por tu gracia. 

 

Señor, ayúdame a vivir como un líder y a morir como un profeta y que ambas, mi vida y mi muerte le indiquen un futuro de gloria a los que me siguen. Amén.

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Pr. Daniel Cattaneo

Pr Daniel Cattaneo

 Soy Daniel Cattaneo, Pastor principal de Iglesia Redentor, Apóstol, Conferencista Internacional. Te invito a mi blog para que puedas ser bendecido con la palabra de Dios, por medio de los devocionales que comparto. Dios te bendice!

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