1 Co 12:7 A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás.

 

El objetivo del carisma del Espíritu Santo en nosotros son los demás. No se me dio nada para mi, se me dio en función de bendecir a otros. Pedro concuerda y dice:

 

1 Pe 4:10 Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas.

 

El sentido de tu manifestación especial es el otro. ¿Tienes don de predicar? Procura como fin primero tener una palabra de Dios para la vida de aquel que te escuchará. ¿Tienes don de misericordia? Usa ese carisma para que la persona sienta el amor de Dios a través de tu acción. ¿Tienes el don de adorar? Hazlo guiando a los otros a la Presencia de Dios. Las capacidades especiales del Espíritu en nosotros son para otros. Cuando yo busco que eso me traiga un rédito a mí de prestigio, de reconocimiento, de aceptación, de ingreso monetario estoy caminando un camino finito por donde ya camino Balan.

 

Jud 1:11b Por ganar dinero se entregaron al error de Balán

 

Balán es un profeta que “rentó” sus servicios para maldecir a Israel y aunque nunca lo hizo pasó a ser el símbolo del usufructo espurio de una dotación espiritual. Cuando Simón el mago le ofreció dinero a Pedro a cambio del Espíritu Santo, Pedro le contestó:

 

Hch 8:20―¡Que tu dinero perezca contigo —le contestó Pedro—, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero! 21No tienes arte ni parte en este asunto, porque no eres íntegro delante de Dios. 22Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención. 23Veo que vas camino a la amargura y a la esclavitud del pecado.

 

Simón pensaba que obtenido el Espíritu Santo el podría montar un prospero negocio, no entendía que el don del Espíritu es para provecho de otros, no provecho propio. Cuando recibimos a Cristo firmamos un convenio de entrega a la altura de Aquel a quien le damos la vida. Ser cristiano debería entenderse, no como una fe, sino como un caminar en pos de aquel que “por el gozo puesto delante de El, sufrió el oprobio”. Jesucristo caminó hacia la cruz, toda la ministración del Espíritu Santo en El, fue para “hacer bienes y sanar a los oprimidos por el diablo”.

Lo que Dios ha depositado en mí es para lo mismo… no está bueno que lo use para mi provecho, por lo menos de manera primaria… lo que tienes lo has recibido para el bien de los demás. Hoy debería ministrar lo recibido para bien de otros… ¿Te animas?

 

Señor, no permitas que mi vida se consuma en la carrera egoísta de una persona que vive solo para si y para los suyos. Amén.