Filp 3:9 No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe.

 

Pablo dice que no quiere la justicia que merece sino la que no merece. La justicia que merece es la que son el resultado de sus buenas obras, de su andar acertado. Todos tenemos una cuenta favorable, hasta las personas más réprobas son bondadosas con sus familias y seres queridos. Patricia me leía hace unos días como el hijo del tristemente celebre Pablo Escobar Gaviria recordaba a su padre. Un hombre amoroso que lo arrullaba con canciones infantiles. Todos tenemos una cuenta favorable. El apóstol Pablo también, como buen religioso tenía una con un saldo bastante favorable…

 

Filp 3:4 Yo mismo tengo motivos para tal confianza. Si cualquier otro cree tener motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo más: 5circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo; 6en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable.

 

Sin embargo, con semejante cuanta a favor Pablo dice: No quiero que me den lo que me corresponde por la ley, quiero que se me de la que se obtiene por la fe… quiero la justicia de Cristo.

Cuando comparo mi lista con la lista de Jesús, la diferencias son abismales. Considere lo Pedro dice de El:

 

1 Pe 2.22«Él no cometió ningún pecado, ni hubo engaño en su boca». 23Cuando proferían insultos contra él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a aquel que juzga con justicia. 24Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.

 

Dios determinó que si yo creo en Jesús la lista de justicia que se le debe imputar a Jesús se me pase a mí. No resulta extraño que Pablo decida renunciar a su propia justicia para buscar la justicia de Cristo.

Yo quiero hacer lo mismo… me interesa que Dios tome en cuenta las buenas obras de Cristo, no las mías. Que Dios considere los actos de amor de Jesús no los míos… no me interesa más impresionar a algún hombre… ni me interesa más la religión, prefiero la guía del Espíritu. Después de todo se trata de Su Justicia, no de la mía.

Que Dios considere la dependencia de Jesucristo, que me impute la devoción de mi Señor… no quiero mi propia justicia, quiero la de El.

De eso se trata el evangelio, morir a mi mismo y que Jesucristo viva en mí… que Dios me impute la justicia de Jesús. Por mis obras merezco la muerte eterna, porque aunque multiplique mis buenas obras, también he cometido pecado y la “paga del pecado es la muerte”. Sin embargo, “la dadiva de Dios es vida eterna en Jesucristo”…. Necesito que Dios me asigne el favor de lo que Cristo hizo y vivió.

Hoy es un día para apoyarme y confiar en lo que Cristo hizo por mí y caminar como dijera Thomas Kempis en la “imitación de Cristo”.

 

Señor, “yo sé que mis obras no pueden Dios mío, lavar mi pecado, borrar lo que fui, pero se que tu Hijo si en el me confió, me lava y me ensalza, Señor, hasta ti. A todas mis obras las llamo tinieblas, al lado de Cristo torrente de luz, mi gloria pasada es hoy mi vergüenza y entierro mis logros al pie de la cruz.” Amén.