En Argentina, cuando alguien es promovido o dejado de lado por causa de su relación con algún familiar, solemos usar la expresión que dicho ascenso o desprecio es por el delito de “portación de apellido”. Es más algunos parientes de famosos suelen anunciar su filiación a los fines de facilitarse el acceso a tal o cual lugar. A la “portación de apellido” fue a lo que se refirió el diputado Kirchner cuando dijo que su sobrino, hijo de Florencia, tenía dos de los apellidos más perseguidos en la argentina: Kirchner y Vaca Narvaja.

 

Jud1:1 Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo:

 

Judas es medio hermano de Jesús, pero rehúsa enunciar ese privilegio como señal de autoridad y se califica a si mismo como siervo. No tiene problema en decir que es hermano de Jacobo, pero cuando tiene que hablar del más famoso de la familia lo hace en la posición de siervo. ¿Por qué? Porque Judas entendía que una cosa es haber compartido su vida con Jesús y otra cosa es servir a Jesucristo. ¿Son personas diferentes? Para nada, pero en esto del servicio a Dios no vale la portación de apellido.

Judas podría haber recurrido al Nepotismo para ser escuchado en la iglesia primitiva, sin embargo, ni él, ni Santiago, lo hacen. Ellos prefieren en todo momento identificarse como siervos de Jesucristo.

Jesucristo debe usarnos, no usarlo a él. Jesucristo debe ser servido, no servirnos de él.

Judas entiende que tuvo un increíble privilegio de ser testigo de primera mano de la encarnación y su camino a la redención. En una etapa de ese recorrido, él con sus hermanos, creyeron que Jesús estaba medio tocado.

 

Jn 7:5 Porque ni aun sus hermanos creían en El.

 

Sin embargo, si vamos a servir a Jesucristo deberemos hacerlo desde el reconocimiento y aceptación de que Él es Señor y Cristo de nuestras vidas. Hay una necesidad de entender el carácter absoluto del Señorío de Jesucristo para el servicio. Hoy en día hablamos mucho de Jesús y Jesús se puede llamar el sodero. Tenemos un hermano que se llama Jesús, uno de los cuida coches enfrente del templo de Rosario se llama Jesús, pero Jesucristo es otra cosa. Jesús el Cristo, habla de una demanda de reconocimiento de parte de nuestra… Judas no tiene dudas, soy siervo de Jesús el Cristo. Ha llegado un momento en mi vida, dice Judas, que aunque estoy familiarizado con Jesús, me he arrodillado delante de Él y lo he reconocido como mi Señor. Él, Jesús es el mesías, el ungido de Dios, el único que tiene derecho de demandar fidelidad absoluta, el único que puede exigir entrega sin limites…

Hoy es un día para arrodillarnos delante de Jesús, el Cristo. No permitir que la familiaridad que tenemos de la persona de Jesús nos haga pasar por alto su soberanía y su derecho sobre nuestra vida. Que privilegio poder llegar a decir cabalmente: Daniel siervo de Jesucristo.