Hace unos días tomé un té y después fui a la pileta de la cocina para lavar la taza. De paso, lavé un par de cosas que estaban allí, entre ellas un plato violeta. Cuando estoy depositando el plato violeta en el lugar de escurrir los platos me habló Dios y me dijo: -Ustedes son así.

Inmediatamente me acordé, que hace aproximadamente un mes atrás con motivo del día del padre, unos hermanos de Rosario se acercaron y le dieron a mi hijo Ezequiel un obsequio para mí. Cuando terminó la reunión, Ezequiel me lo entregó pero me dijo que no recordaba quien se lo había dado. Llevé el paquete a mi casa y cuando lo abrí, allí estaba mi regalo: Una mortadela con queso, una mortadela común, un salamín picado grueso, dos trozos de queso “corazón de horma” y todo sobre el plato violeta!!!

De todo aquello, lo único que quedó y por una razón de digestión, fue el plato y fue por eso que Dios me amonestó, porque me había comido todo y no había agradecido nada.

 

(Ro 1:20b)… Así que esa gente no tiene excusa, 21pues saben de Dios, pero no lo respetan ni le dan las gracias.

 

Ese día en el fregadero de la cocina Dios me hizo ver lo que muchos hacemos, nos comemos la bendición pero no agradecemos al que nos bendijo. Una de las características del hombre caído es la ingratitud. No sabemos hacer un reconocimiento, una devolución por todo lo que recibimos. Todos los días somos bendecidos por vida, por salud, por familia, por trabajo, por comodidades, por alimento, etc… Sin embargo, nos comemos la bendición sin preguntarnos y hasta olvidarnos de los que nos lo dieron.

Mi plato vacío era una evidencia de mi ingratitud, la asistencia a los templos, la planilla de diezmos, el compromiso evangelistico, la inconstancia en el discipulado es la evidencia de nuestra ingratitud para con Dios.

Todos los domingos a la noche hago un repaso mental del liderazgo ausente y veo tantos “platos violetas” vacíos en el fregadero.

“Ni le dan gracias”, esta es la acusación de Pablo. Y esto se extiende, porque nuestra ingratitud hacia Dios, nos hace ingratos para con nuestros semejantes. Esto produce que los demás tengan obligaciones pero nunca derechos. En el ámbito familiar, en el ámbito laboral, en el ámbito social. La ingratitud se nos ha metido en todos los estamentos.

Ayer a la mañana tomé el plato violeta y me fui a la reunión del domingo. Me paré al frente de la iglesia y pregunté quién me había regalado ese plato lleno. Atrás de todo, dos hermanas, madre e hija, me hicieron señas y entonces hice lo correcto, cruce todo el templo y agradecí. Cuando terminó la reunión estás dos hermanas se acercaron al frente y nos trajeron de regalo a nosotros y a los predicadores invitados: Una caja de bombones a cada uno!!! Increíble!!!

El agradecimiento te habilita para recibir mayores bendiciones!!!

Hoy el desafío es agradecer… A Dios en primer lugar, no te olvides los hechos de fidelidad de Dios, Él no quiere que dejes de comerlos, pero lo mínimo es agradecerlos… servirlo… honrarlo…

Piensa hoy en tu cónyuge, en tus padres, en tus pastores… no dejes de ser agradecido… servicial… atento a sus necesidades.

Piensa en tus empleadores… siempre tenemos demandas ¿y la gratitud? Esa persona invirtió su capital y su inversión produce un bien social… ¿Creemos que solo lo hace por dinero? Hay una satisfacción cuando eres el productor de bendición para más familias que las tuyas… nuestros empleadores se merecen agradecimiento también.

Hoy te animo a que mires el fregadero y reflexiones en los platos violetas…¿Hay alguien al que le debes gratitud?

 

Señor, gracias por tu bondad y misericordia, nunca podré pagar semejante regalo en Jesucristo pero al menos quiero vivir para agradecértelo. Amén.