Hch 4:29 Ahora, Señor, toma en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos el proclamar tu palabra sin temor alguno.

Me sorprende que los discípulos no pidan que se les quite la pruebas, lo que piden es poder continuar con la misión. Hay en ellos un enfoque increíble, no están preocupados por las amenazas, están ocupados en cumplir el mandato.

¿Cómo recuperaremos ese enfoque? ¿Cómo volveremos a estar más preocupados por nuestra misión que por nuestra situación? Esta es la pregunta que me salta al corazón cuando leo el pasaje.

Hagamos una prueba… ¿Cuánto hemos orado en el día de ayer para que la gente conozca de Dios? ¿Cuánto hemos invertido en pedir por nuestras necesidades? En nuestros cultos pedimos que los que tengan necesidades pasen al frente para poder orar con ellos, nunca, pero nunca en 25 años de ministerio pasó alguien a decirme: Quiero orar para que la gente conozca de Dios, mi alma no encuentra descanso por la gente que se muere sin Dios.

Crecí leyendo de historias de avivamientos del pasado y recuerdo algunas maravillosas:

En cierto pueblo hace años que no tenían avivamiento; la iglesia estaba casi extinta, los jóvenes eran todos inconversos y la desolación reinaba por doquier. En un lugar apartado del pueblo vivía un anciano, herrero de oficio, tan tartamudo que daba pena oírle. Un viernes, mientras trabajaba a solas en el taller, no podía arrancarse del pensamiento la condición en que la iglesia se encontraba. Llego a sentir tal agonía que tuvo que dejar de trabajar, cerrar el taller y pasarse la tarde en oración.

Siguió orando. El domingo, llamó al ministro y le urgió a que convocara a una reunión extraordinaria. Tras vacilar algo, el ministro consintió, no sin hacer constar sus temores de que pocos asistieran. La reunión habría de celebrarse aquella noche en una amplia casa particular. Se congregaron más de los que cabían en la casa. Permanecieron en silencio por algún rato, hasta que un pecador rompió a llorar y pidió que si alguien podía, orará por él. Luego otro hizo lo mismo, y otro, y otro más, hasta que se supo que el pueblo entero estaba bajo profunda convicción. Y, lo más extraordinario, habían empezado a sentir esa convicción de pecado mientras el anciano herrero oraba en su taller.

¿Cuando volveremos a sentir algo así? Dice la palabra:

Mt 9:36 Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor.

En verdad Dios tiene que cambiarnos el corazón y volverlo de carne… algo tiene que pasarnos para que nos pongamos en segundo plano y recuperemos la necesidad de poner la misión en primer lugar. Pablo ha recibido revelación que le esperan prisiones y suplicios… los hermanos de la iglesia le piden que retroceda y él contestó:

Hch 20:24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Hoy es un día en que pido que pase algo… que Dios nos ayude y tengamos un corazón sensible a la misión y a la gente.

Renuévame, Señor Jesús, pon en mi tu corazón, Renuévame, ya no quiero ser igual. Amén.